Para todos los que seguimos de cerca el fútbol mexicano, posiblemente hemos escuchado del crecimiento y el alcance que está teniendo la liga femenil en el país vecino. En mi caso particular, en los últimos meses he consumido más los partidos de la liga femenil que la varonil. Más allá de mis razones y preferencias, hoy quiero reflexionar sobre lo que la liga femenina guatemalteca puede aprender de lo que están haciendo en el norte. No soy experto en gestión deportiva o en algo parecido, simplemente me gusta el tema y quizás a alguien le puede parecer interesante.

Sin duda alguna, es difícil extrapolar realidades tan opuestas y querer crear copias en situaciones en las que cada elemento requiere de un análisis propio, atendiendo a sus fortalezas, debilidades y contexto general. Es decir, mi intención no es querer que la liga guatemalteca se vuelva en un clon de la liga mexicana; simplemente quiero extraer algunas lecciones y reflexionar sobre ellas, para luego analizar la viabilidad de materializarlas en un futuro. Y segundo, como aclaración importante, no conozco las interioridades de los clubes guatemaltecos que militan en la Liga Nacional de Fútbol Femenino de Guatemala (LNFFG), así que quizás muchas cosas que yo aquí expongo, que me gustarían ver, posiblemente ya están ocurriendo y soy yo el que desconoce la situación. Dicho esto, aquí voy.

Como expresé en una columna hace unos meses, el fútbol puede despertar cualquier tipo de emociones y sentimientos, lo cual es entendible, ya que pocos fenómenos logran ser tantas cosas al mismo tiempo. Pero si tuviéramos que buscar un calificativo que describe lo que genera este deporte en las personas, creo que pasión es una palabra que se ajusta muy bien a lo que vemos. Sin embargo, hay ciertas culturas y países en donde el nivel de pasión que provoca el fútbol es mayor, en comparación a otros lugares del mundo. En general, creo que en Latinoamérica somos bastante pasionales con el fútbol, incluso dentro de la región existen diferencias de un lugar a otro. Es una afirmación atrevida, ya que no podemos cuantificar la pasión y hacer una comparación objetiva, así que tenemos que jugar el vaivén de las ideas.

En este rubro, creo que los mexicanos nos superan y puede deberse a un sinfín de factores, algunos obvios, como la infraestructura y el funcionamiento general del deporte en el país, y otros no tan obvios, como las cosas del día a día de los mexicanos que desde acá simplemente no podemos analizar. El punto es que allá el fútbol se vive muy diferente a como lo vivimos acá. ¿Es malinchista decir algo así? Por supuesto que no, simplemente son dos realidades distintas, con complejidades propias.

Y si a eso le sumamos la herencia histórica del machismo que permea en la sociedad (en Guatemala, México y en muchos lugares del mundo), poco a poco vamos construyendo un fenómeno que promete muchos retos y obstáculos.

Lo que voy a afirmar, pueda que le parezca absurdo a los pseudo intelectuales que asimilan al fútbol con retroceso social y que creen que esa aversión los hace más inteligentes, pero creo que tanto para el fútbol masculino como femenino, es necesario que el fútbol se viva diferente en el país. O digámoslo de otra forma: 

Al fútbol nacional le vendría bien que la pasión por el deporte se incremente y que dé un paso gigante.

Y antes que alguien lea esto e interprete que estoy tratando de incentivar fanatismos exacerbados, que muchas veces finalizan en actos violentos o cosas parecidas, obviamente no me refiero a eso. Lo que trato de decir es que si queremos que el fútbol femenil nacional tenga apoyo y pase al siguiente nivel, tiene que existir algo en la sociedad, llámese cambio, transformación, cambio de hoja o cualquier otra cosa, más que un simple interés que en realidad no significa ni se concreta en algo beneficioso para los equipos ni las jugadoras.

Y este incremento de pasión puede tomar muchas formas. Ir a los estadios y recintos deportivos a tener una tarde diferente con la familia (cuando todo esto acabe), conocer quiénes son las jugadoras que están destacando en su desempeño deportivo, comprar una camiseta, ver los partidos en la televisión y darle retroalimentación a las empresas televisoras para que detecten el interés que hay en la sociedad por ver más contenido relacionado con la liga, son solo ejemplos de cómo con pequeños pasos podemos darle empuje a un proyecto innovador y necesario para el deporte nacional.

Y en estos puntos anteriores, creo que la liga femenil mexicana tiene mucho que enseñarnos, sobre todo los equipos regiomontanos (Rayadas y Tigres), que han logrado batir récords de asistencia al estadio (más de 40 mil personas para presenciar una final) y sus jugadoras son personalidades deportivas, que son respaldadas por una de las aficiones más emblemáticas de México.

Y en este punto, es donde creo que existe un círculo de retroalimentación que una vez que empieza a cobrar vida, los réditos que se obtienen son atractivos. En el caso de Rayadas y Tigres, en muchos foros y lugares donde se comparten ideas, se habla del esfuerzo económico y cualitativo que han hecho los equipos para montar un proyecto femenil que busque resultados deportivos del más alto nivel. Pero creo que eso también se debe a la base de aficionados con la que cuentan los equipos, la lealtad e identidad que se va generando entre la afición y el equipo y (de nuevo) la pasión con la que se vive el fútbol en Monterrey.

 Una combinación de factores internos, deportivos y socioculturales que permiten que un proyecto, de ser ejecutado correctamente, pueda tener éxito.

Pero la pasión y la identidad son solo condiciones necesarias para que nuestra liga despegue. También es importante el equilibrio. ¿A qué me refiero con esto? Es simple: debemos procurar que no todo sea pasión, lealtad, amor y un cuento de hadas, ya que existe una realidad innegable, y es que las jugadoras también tienen planes de vida, que pueden incluir estudios, familia, emprendimientos o hobbies y más importante, también tienen necesidades básicas, como alimento, vivienda y transporte, solo por decir algunas. 

Esto se logra con una estructura financiera sólida, que permite pagar salarios dignos, pero también se enfoca en invertir en capital humano, implementos deportivos, infraestructura, viajes, comidas, uniformes, fichajes, etc.

En este punto sí existe cierto debate en México sobre los salarios que perciben las jugadoras, ya que varían de un equipo a otro. Pero que sea complicado no deja de ser una enseñanza para nosotros: debemos aspirar a tener una liga que genere las condiciones para que las jugadoras y todos los integrantes de los clubes puedan cubrir sus necesidades, a través de su trabajo en el fútbol.

Pero de nuevo, creo que es claro que eso no sucede de la noche a la mañana, que el dinero tampoco cae del cielo y que es fácil para nosotros planear desde nuestro escritorio cómo deben hacer las cosas los demás. Se necesitan patrocinadores, aficionados, juntas directivas ordenadas, finanzas sanas y un largo listado de condiciones, que cuando convergen, se pueden materializar en un proyecto en donde todas las partes ganan.

Es un camino largo (muy largo) y difícil, en donde todos debemos ser empáticos y apoyar en lo que podamos. Desconozco la forma en la que los clubes de la LNFFG cubren sus gastos actualmente, pero lo que sí sé es que cada viaje, cada partido y cada entrenamiento conlleva una serie de esfuerzos, que es de aplaudir a las personas que están detrás de todo ello.

Creo que poco a poco nuestra liga va a ir encontrando un modelo de negocio, que permita gestionar la parte económica y financiera de los equipos. En una entrevista escuché decir a una jugadora mexicana, que ella percibe que el público que llega a verlas a los partidos es familiar, donde normalmente los padres llevan a sus hijos pequeños a ver a las jugadoras. 

Así que la liga guatemalteca podría experimentar e iterar para encontrar un modelo que le permita llegar a la gente y que el proyecto poco a poco no solo sea rico en fútbol (que ya lo es), sino que también sea rentable desde el punto de vista financiero.

Al momento de escribir estas líneas, mientras estoy desvelándome un poco, faltan un par de horas para que se jueguen las semifinales de ida de la liga femenil mexicana. Dos partidos emblemáticos: Atlas contra las Chivas de Guadalajara y Rayadas de Monterrey contra Tigres. Y en la LNFFG, el fin de semana se juegan la vuelta de los cuartos de final, en donde figura entre otros equipos importantes, Cremas Femenino, el conjunto en donde milita Andrea Álvarez, la goleadora que de acuerdo con las noticias deportivas, pronto podremos ver conquistando otros horizontes con su talento.

Pasión, identidad y equilibrio. A pesar de todo, es emocionante.

El fútbol es así.

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