By María del Mar Grajeda
Posted: Updated:
0 Comments

Una persona guatemalteca promedio, está consciente que nuestra sociedad está plagada con actitudes, pensamientos y comportamientos racistas, machistas y homofóbicos, por mencionar aquellos más relevantes. Sin embargo, quizá le sea un poco difícil identificar estos elementos en su propio comportamiento del día a día.

Por ejemplo, quizá no se considere una persona racista, o quizá no lo sea realmente, pero consciente o inconscientemente todos y todas tenemos hasta cierto grado un poco de estos rasgos interiorizados.

El propósito de las siguientes líneas, es mencionar una de las maneras más comunes en las que solemos formar parte de una sociedad que menosprecia y degrada a ciertos grupos de la sociedad: las palabras.

Algunas personas no se sentirán inclinadas por este tipo de conversaciones, en las que se busca identificar aquellos rasgos de nuestro interior que se ven influenciados por nuestro contexto social, pero que es decisión propia cambiarlos, con la visión de generar una cadena de cambio a largo plazo.

Mis palabras van dirigidas a aquellas personas que sí estén dispuestas a hacer el ejercicio, de manera muy general, de introspección en este tópico del lenguaje que utilizamos en nuestras conversaciones diarias.

No soy experta ni nada parecido, pero comprendo que el lenguaje o un idioma, es un elemento social que se comparte en la mayoría de las unidades sociales. Es también una construcción social. Puede que no esté en lo correcto. Pero, como mencioné anteriormente, en Guatemala como en muchas otras sociedades, se hace uso de palabras que tienen connotaciones denigrantes.

Expresiones como “el chino” (haciendo referencia a un hombre indígena que atiende en la tienda, al jardinero, el señor de la carreta de ‘shucos’, entre otros) o “inditas” para referirse a las mujeres indígenas que portan su indumentaria, e incluso dirigida a aquellas que no lo son o hacen.  En este caso también está incluida la expresión “indita” al hablar del licor “Quezalteca”. Es una larga lista de expresiones (sin mencionar las actitudes, comportamientos y acciones) que son utilizadas para hacer de menos a una persona indígena.

 

Algunas personas podrán decir que forman parte del lenguaje coloquial e incluso algunas otras incluso las podrían defender como algo muy “chapín”;

pero su uso no es justificable, ya que refuerza las connotaciones racistas y discriminatorias que están detrás, sean utilizadas con esa intención conscientemente o no.

Ya que para muchas personas, deja de ser una forma de hablar sin intención de ofender y, por el contrario, son palabras utilizadas para hacer de menos a una persona indígena, vinculando pensamientos de inferioridad intelectual principalmente.

Este pensamiento no solo es racista, sino que es equivocado e inaceptable.

A pesar del hecho que una persona indígena se enfrenta con mayor probabilidad a grandes retos desde temprana edad, en comparación a una persona no indígena, no son sus raíces las que le impedirían desarrollarse en los mismos ámbitos que una persona no indígena. Sin embargo, aún perdura está concepción errónea.

Lamentablemente, estas personas podrían mencionar una gran cantidad de ocasiones en las que sus capacidades y logros han sido despreciadas de múltiples formas, todas racistas, incluido el uso de estas palabras.

Grandes representantes de los pueblos indígenas, desde líderes y lideresas, activistas, artistas, deportistas, profesionales y demás, constantemente utilizan su voz y las plataformas a su alcance, para hablar del racismo que se vive en el país.

Aunque la mayoría de personas (en mi círculo cercano al menos) no utilizarían la palabra “hueco” o “marica” para ofender directamente a una persona homosexual; muchas otras personas sí lo hacen. Otras utilizan estas expresiones para hacer referencia a un hombre homosexual o las utilizan en un contexto en el que desean enfatizar algunos comportamientos de hombres heterosexuales e incluso mujeres.

Por ejemplo, en el momento en que un hombre expresa alguna inconformidad, o muestra resistencia por hacer algo que se le está presionando, rápidamente y casi de manera automática hay alguien que dice “no seas hueco” o “qué marica”. Algunas personas incluso utilizan estas palabras para sustituir el nombre de un amigo. Me parece increíble cómo es que aún es necesario tener que explicar la razón por la que estas y otras expresiones similares son terriblemente denigrantes, sin embrago haré mi mayor esfuerzo por hacerlo de manera un tanto general.

Por años, las personas homosexuales o pertenecientes a la comunidad LGBTI+ han sido violentadas, oprimidas, degradadas e incluso asesinadas por el simple hecho de expresarse y vivir de manera auténtica.

Han luchado de manera personal y colectiva por “ganarse” lo que era suyo por derecho.

Expresiones como “marica” y “hueco” han sido parte de esa historia dolorosa e injusta. Incluso la versión en inglés de la palabra “marica” es identificada rápidamente en estas sociedades, como una expresión despectiva e inaceptable. Claramente su versión en español es todavía utilizada para insultar desde presidentes y políticos, hasta personas de la comunidad LGBTI+.

De manera que al utilizar la palabra “hueco”, bajo cualquier contexto y con cualquier finalidad, más allá del referirse a algo que no contiene nada, refuerza y mantiene viva una mentalidad y comportamientos que de una u otra forma afectan negativamente la vida de las personas, especialmente de aquellas que forman parte de la comunidad LGBTI+.

No comprendo cómo las personas que utilizan todos estos términos, no se dan cuenta que se expresan de la misma manera en la que lo hacen los grandes poderes opresores actuales e históricos, que no han hecho más que perjudicar a los grupos de la población de los que no forman o formaban parte. O peor aún, sabiendo esto y lo que significan, todavía así los utilizan dentro de su vocabulario sin tan siquiera cuestionarlo.

Y, contrario a la opinión popular, no es una perspectiva que proviene de la “generación de cristal”, todo lo contrario. Es la generación de la disrupción, de la creación de lo nuevo y el señalamiento oportuno de todo aquello que por años y generaciones ha sido normalizado por la población que no se veía afectada. Por esto me genera un impacto mayor el escuchar a jóvenes, hombres y mujeres, expresarse de la misma manera en la que lo hacen los adultos mayores.

A pesar que la mayoría de la población utilizan en su día a día expresiones como estas y aún más denigrantes, tengo la certeza que al hablar y crear consciencia social e histórica en los espacios en los que cada quien tenga la oportunidad de hacerlo, poco a poco se irá modificando estas formas de hablar; dando pauta a la modificación no solo del lenguaje sino del comportamiento.

 

Related Posts

Por: María José Chávez La lucha de las mujeres por la igualdad en procesos de participación...

Por: María José Santisteban El 31 de diciembre de 2019, la OMS recibió reportes de presencia de...

Por: Yosselyn Jochola y Patricia Xiquin La pandemia COVID-19, ‘virtualizó’ la educación en Guatemala...

Leave a Reply