By Brújula
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Beto Febrero 1

Imagen: Macuy Turquesa

José Alberto Barrera / Opinión /

En la primera parte de este artículo se abordó lo limitado que pareciera ser nuestro sentido de indignación, únicamente por los hechos y circunstancias que ocupan la agenda mediática imperante en la localidad. También se señaló lo importante que resulta expandir el concepto de dignidad humana y entenderlo como un conjunto de situaciones concretas que procuran el desarrollo integral de las personas dentro del ambiente en el que se desenvuelven. Por último, se concluyó que las noticias dependen de cada uno de nosotros: tanto las temáticas como la forma de abordarlas.

Nosotros somos responsables de buscar la información que despierte nuestro sentido de indignación. Pero no sólo eso.

Somos responsables también de valorar esa información de la forma más constructiva para la sociedad, siendo muy conscientes del tiempo y lugar en el que se desenvuelve. Además es indispensable visualizar claramente las finalidades que debemos perseguir como personas, como núcleo de la sociedad. Ese es el pensamiento crítico, que se nutre en función de la intensidad del deseo por aportar algo a la construcción de un espacio más óptimo para vivir dignamente. Y es por ello que la indignación se forma a partir del pensamiento crítico, preciso, fundamentado y consciente.

Las discusiones dentro del marco de la Ley de Juventud es un buen ejemplo del ejercicio del pensamiento crítico de jóvenes. Como era de esperarse, existieron posiciones encontradas en cuanto al tema de salud sexual integral.

Recientemente el diputado Álvaro Velásquez reactivó el debate sobre la legalización de la marihuana. De igual forma, los comentarios no se hicieron esperar.

En ambos casos se pudieron evidenciar ciertos parámetros de indignación que matizaban las posiciones de la comunidad. Los dos más frecuentes fueron, a mi criterio:

  • La legislación actual: tendemos a ponderar la legitimidad de algunos actos por la forma en que están catalogados legalmente en la actualidad. Se evalúa el acto en estricta relación a su estatus jurídico actual y no al acto en sí mismo. Por ejemplo, el consumo de marihuana. Pareciera ser que en el debate cotidiano acerca del tema, la balanza gira en contra de los diferentes usos que se le podría dar al consumo recreativo porque aún se permanece evaluando con los mismos parámetros del siglo pasado, sin tomar en cuenta las nuevas oportunidades y desafíos que podría representar. Una nueva oportunidad: disminuir el poder de grupos criminales locales y transnacionales y, de esa forma, reducir considerablemente los actos de violencia y corrupción que de ellos se originan. Un nuevo desafío: el efecto de escalera -por medio del cual el sujeto busca progresivamente drogas más potentes- que, aunado a la accesibilidad de la comunicación, podría tener consecuencias devastadoras en la seguridad de las personas. El debate sobre el uso recreativo de la marihuana no se limita a las circunstancias con las que fue prohibido años atrás. Es por ello que la legislación, naturalmente evolutiva, no puede ser tomado como un parámetro de indignación. 
  • Modelos tradicionales: Bolas, creencias, mitos. Lamentablemente en Guatemala tienen una fuerza inconmensurable en el inconsciente colectivo. En su mayoría son falacias, pues toman un caso aislado como referente general de una situación concreta. Ejemplo: el uso recreativo de la marihuana te hace lento, perezoso y mediocre. No sería extraño pensar que no todos los consumidores tienen esos problemas; en cambio, existen algunos que ocupan puestos en trabajos exigentes o bien realizan actos loables de voluntariado. En artistas, por ejemplo, fomenta la creatividad y pasión con la que elaboran sus creaciones. Claro, no se trata de tapar el sol con un dedo, pero sí de desmentir distracciones que no contribuyen a un debate objetivo.

En contraposición a esos parámetros, soy de la idea que el único parámetro que puede determinar el pensamiento crítico es la concepción de la persona en el medio ambiente que se desenvuelve.

Balancear la permanencia de las últimas aspiraciones de la humanidad con la naturaleza cambiante del ambiente en el que estamos condenados a convivir.

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