By Brújula
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Luis Arturo Palmieri/Opinión/

¿Abstenerme de votar? ¡Jamás!

En respuesta a Ana Raquel Aquino por Votar es aprobar este asco de sistema

Guatemala, 31 de agosto de 2015

Estimada Ana Raquel:

Primero que todo, me alegra saber que tenemos tantas creencias en común. Le menciono algunas: el sistema está mal. Nuestra situación política es deleznable. No hay que apenarse o ser discriminado por no querer votar. El sufragio es un deber y un derecho constitucional. Y sobre todo, concuerdo con que el abstencionismo electoral es un indicador y que el sufragio engloba una parte de la soberanía.

Como punto de partida he decidido quedarme con las últimas dos cuestiones del párrafo anterior: que el abstencionismo electoral es un indicador y que el sufragio lleva consigo una fracción de la soberanía. A mi forma de ver las cosas, abstenerse de votar es transformar su pedazo de soberanía en nada más que un indicador. Un canje en donde usted entrega la soberanía y recibe… nada. Entre indicadores y soberanía, ¿qué prefiero tener en la mano? ¡Soberanía! Los indicadores son precisamente las herramientas que utilizan esos candidatos que usted tanto desprecia. Vea a Jimmy Morales, el candidato que se aprovechó de los indicadores de apatía política y los convirtió en su caballo de batalla. Yo me rehúso a ser una herramienta.

Poniéndolo con sus propias palabras: a los “candidatos con proceso penal pendiente”, a los “partidos políticos que han excedido el techo presupuestario”, a las “personas mentirosas, farsantes, dueñas de medios de comunicación que manipulan y desinforman al pueblo”, a los “contratistas y sus negocios espurios que responden a intereses personales y a la oligarquía” no los combatimos con indicadores. ¡Los combatimos con soberanía!

Usted muy acertadamente mencionó que este sistema no podemos pretender cambiarlo a puro cartel de protesta. Con esto también estoy de acuerdo. Nada más me gustaría agregar a esa afirmación que tampoco podemos cambiarlo a puro abstencionismo. Imaginemos que el abstencionismo fuera la forma en que tratásemos de hacer todos los cambios en el país. Un poco contradictorio, ¿no? Y es que las personas que quieren mejores condiciones de vida no las obtendrán haciendo nada, es decir, absteniéndose. Tienen que hacer algo para cambiarlas. En el caso específico del sistema político, ese algo que nos ha otorgado la democracia es el voto.

Si queremos cambiar el sistema, tenemos que utilizar el voto.

El abstencionismo es asegurar la perennidad de las condiciones repudiables en las que se encuentra actualmente nuestro sistema político. El abstencionismo es apatía política. Y es precisamente esa apatía política la que ha provocado que las caras que salen impresas en la papeleta sean las de Baldetti, Baldizón y Otto Pérez y no las de personas idóneas, capaces y honradas. En otras palabras, tenemos a esos patéticos candidatos porque Guatemala es presa de la apatía política. El abstencionismo, como lo dije, es una forma de apatía política y por lo tanto, el abstencionismo es la garantía de seguir teniendo a esos mismos candidatos de los cuales nos quejamos.

Por favor, no me entienda mal. No la critico por el hecho de que no quiera votar. No creo que deba ser motivo de pena ni tampoco motivo de discriminación. Al contrario, me parece una postura que evidencia muy bien el profundo descontento que siente, tanto por nuestros políticos como por nuestro sistema. Compartimos este sentir.

Me llamó la atención el hecho de que usted cree que votar es “aceptar un sistema que no funciona”. Yo más bien creo, Ana, que el abstenerse de votar es la versión más pura de un sistema que no funciona. Y es que abstenerse de votar es algo más que abstenerse de avalar este “asco de sistema”. Hoy en día, abstenerse de votar es darles la espalda a todas las personas que murieron librando sangrientas luchas –apenas el siglo pasado- con tal de tener el derecho de votar. Es darle la espalda, por poner solo un ejemplo, a Martin Luther King.

Por último, quiero decirle que coincido en que hay que hacer algo para cambiar este país. Coincido en que las condiciones políticas en las que nos tienen sumidos los políticos son totalmente deplorables. Coincido en su ejercicio de cuestionar el sistema. Coincido en su deseo de no votar por los mismos que nos tienen como estamos. Coincido en que no hay que aceptar nuestra situación política, y es precisamente por eso que no me quedaré de brazos cruzados. Yo, ¡votaré!

No quisiera cerrar esta carta sin antes recordar que la única oportunidad que tenemos de sacar a Otto Pérez Molina del gobierno será por medio –precisamente- de una votación. Parece que el voto, hoy más que nunca, sí tiene valor.

Ana, sinceramente, no sé cuál es el problema ni cuál es la solución. De lo único que tengo certeza, es que así como no es el voto el problema, tampoco es el abstencionismo la solución.

Con todo mi cariño y admiración,

Luisart

P.D. Gracias por permitirme dialogar con usted y al equipo de Brújula por tan buena y constructiva iniciativa. #DebateBrújula

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